El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Slingerland no tardó en otear la manada de búfalos. Luego de reconocer detalladamente el terreno para precaverse contra posibles emboscadas indias, salió a caballo con Neale, Larry y dos más —Brush y un irlandés llamado Pat—, cuya misión era desollar los animales muertos por los otros y acondicionarlos para su transporte en los vagones.
—El matar búfalos no tiene lance —decÃa el trampero a sus amigos—, pero no quiero ni machos ni hembras viejos. Y cuando se galopa tendido y con la manada en pelotón delante… es difÃcil seleccionarlos. Vosotros observad lo que yo haga, y sobre todo… ¡ojo con los indios!
Slingerland se acercó a la manada sin alarmarla, hasta que algunas crÃas, en sus bordes, se asustaron. Entonces la banda negra se puso en marcha, alzando una densa polvareda al acelerar el paso.
—¡A galope! —gritó Slingerland.
No fue para Neale el menos interesante de los espectáculos ver a Larry galopando con los búfalos. Antes de que el trampero y él estuviesen en disposición de disparar, Larry aporreaba a los animales en los flancos con la desnuda mano.