El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Excepción hecha del ingeniero en jefe y de sus ayudantes, no había en toda la extensión del país quien conociese las dificultades y el riesgo de la empresa. El mundo estaba interesado; la nación aguardaba, en su mayoría incrédula, pero Lodge y sus ingenieros, imbuidos por el espíritu de algo muy grande en perspectiva y en cuya realización había aventura, fortuna, fama y la extraña llamada de la vida, que representa una herencia para las generaciones futuras, laboraban torvos, pero indomables.
Warren Neale llegó apresuradamente. Era un new englander[4] de pobre familia, educado a copia de esfuerzos, ávido de aventuras, ansioso de destacarse, despierto, ardiente, de tez bronceada y sagaces pupilas. De estatura rayana en los seis pies, parecía, por su estructura, una cuña, aunque no era ponderoso. Un adolescente de veintitrés años, con recias posibilidades latentes de carácter.