El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Neale creyó estar en algún otro mundo… en un paraÃso. Sus ojos dudaban del exquisito azul… del vellón de nubes… del áureo rayo de sol.
Junto a su mejilla sentÃa la cálida impresión de otra, aterciopelada, suave; hebras de cabello castaño cruzaban su rostro, manos afanosas y dulces oprimÃan su pecho. Al darse cuenta de que Allie Lee vivÃa, apenas osaba res pirar. Y se sintió tan desfallecido, que todo movimiento le fue imposible.
—Pero… ¿no has muerto, Allie? —Bisbiseó.
Con un vivo ademán ella levantó la cabeza. Y era, absolutamente, el rostro de Allie Lee.
—Más viva que nunca —replicó riendo en su emoción.
—Pero… ¿de veras… estás… aquÃ… viva… a salvo… Allie? —repitió él como si oyendo su propia voz le fuese más fácil dar crédito a sus ojos.
—SÃ, sÃ…, aquÃ, contigo, otra vez… ¿No es, en verdad, maravilloso? Pero… ¡Oh, Neale, qué susto te he dado…! Casi tan grande como tú a mà luego… ¿Estás bien?
—No lo estaba… Ahora sà perfectamente.
Temblaba al mirarla. SÃ; era el rostro de Allie Lee; inolvidable, incomparable. Quizás algo más delgada, más tensa. Pero el tiempo y lo que pudiera haber sufrido no hacÃan sino realzar su belleza.