El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¡Qué poca vanidad tienes…! Atractiva, lo eres ya ahora, en cualquier momento, Allie… Lo serás cuando llegues a vieja… cuando mueras. Lo que quiero decir es… que has de realzar tu belleza… ponerla más de manifiesto… suéltate el cabello… en una trenza… ponte una blusa blanca… descotada… ¿No recuerdas lo que hacÃa tu madre?
Allie le miro, palideciendo. No podÃa hablar. La tan temida crisis habÃa llegado.
—¡Pareces un espectro! —exclamó Durade—. Como ella cuando hace años le dije… lo mismo… por primera vez…
—¿Pretendes… usar de mà como usaste de ella?
—SÃ, pero no tienes… por qué asustarte. Yo escogeré personalmente a quienes entren a verte. Se limitarán a girarte y yo estaré contigo.
—¿Qué he de hacer?
—Estar a punto cuando te llame esta tarde.
—¡Ahora comprendo por qué te odiaba mi madre! —exclamó Allie. Ella también le odiaba y su odio prestábale nuevas energÃas.
—Pagará su odio, como lo pagarás tú —replico él con apasionado acento. Su acción fÃsica pareció involuntaria… un encogimiento, como si hubiese recibido una puñalada. Le siguió rápida violencia. Con la mano abierta cruzo la cara a Allie; un golpe lo bastante fuerte para hacerla tambalear.