El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Le entrego, pues, mi libro para el que he escrito todos los demás con esperanza y con temor no exentos de alegrÃa.
Fielmente.
Z. GREY
Lackawaxen, Pa.
… Cuando pienso cómo se ha tendido el ferrocarril por esta selvatiquez, refugio de feroces tribus; cómo, con cada periodo de su construcción, se alzaron improvisados pueblos que fueron centros de oro y de muerte hasta des aparecer al poco tiempo o convertirse en plácidas estaciones del desierto; cómo en estos bárbaros lugares, piratas chinos trabajaban mano a mano con salteadores de caminos y con fracasados de todo género, procedentes de Europa, jugando, bebiendo, peleando y asesinando como lobos, y cuando luego pienso que tan épica empresa estaba regida por «caballeros de levita» sin más aspiración ni más anhelo que procurarse con ella una fortuna y un viaje a ParÃs, me parece como si este ferrocarril fuese tÃpica representación de la época en que vivimos; como si hubiese reunido en uno solo todos los grados de la escala social para ofrecer a algún gran escritor el más activo, el más complejo y el más variado tema para una imperecedera labor literaria. Si es romance, si es contraste, si es heroÃsmo lo que anhelamos, ¿qué fue Troya comparada con esto?
R. L. STEVENSON
