El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Los oÃmos salir por la ventana.
El tahúr prorrumpió en un torrente de imprecaciones y luego gritó:
—¡Fresno! ¡Mull…! Acordonad la calle…, no pueden escapar… Tú, Mex… entra ahà con los otros.
Le contestaron otras voces más claras e insistentes:
—Matadle… Traed a la chica… y vuestro es el oro. Hough se acerco a Ancliffe.
—Nos tienen acorralados.
—SÃ, pero… la oscuridad es muy densa y aún tardarán. Vigila mientras me abro paso por alguna parte.
Estaba perfectamente tranquilo como si hablase de cosas indiferentes. Apago el cigarrillo y se puso los guantes.
Hough parecÃa más alto que nunca. A la escasa claridad, sus facciones aparecÃan pálidas. Estaba rÃgido, con los brazos pegados al cuerpo y un derringer en cada mano.
—Ojalá estuvieses mejor armado —dijo.
La emoción de Allie se fundió en un escalofrÃo de comprensión. Con absoluta calma, aquellos dos hombres se habÃan puesto caballerosamente frente a sus enemigos, aceptando con breves palabras y escasos ademanes cuanto pudiera sobrevenir.