El Caballo de hierro
El Caballo de hierro La muchacha comprendió por su tono, por su presencia misma, que él no contaba volver a salir jamás de aquel lóbrego recinto. Oyó que Ancliffe arrancaba una tabla de la pared o empalizada y en el silencio el traquido pareció fortísimo. En la casa de lona ya no se oían voces. El viento silbaba en el armazón. En la lejanía oíase música y aplausos. El nocturno rugido de Benton empezaba. De pronto apareció una luz moviéndose lentamente en el más oscuro rincón del recinto, a unos cincuenta pasos de ellos.
Hough acerco aún más a Allie a Ancliffe.
—Póngase detrás de mí —murmuró.
Crujidos y el astilleo de la madera indicaban los progresos del inglés, pero también localizaban a los fugitivos para sus perseguidores. La luz desapareció; se oyeron pasos y voces cautelosas sobre la madera.