El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Con vaivén, cada vez más acentuado echó a andar sosteniéndose a su vez en Allie. Se alejaban de las luces. La muchacha columbró vagamente formas movedizas al frente, y una vez volvió la cabeza temerosa de una persecución.
El cowboy se detuvo ante una casa. Estaba pálido, pero sonriente.
—Corre…, Alpe —dijo.
—¡No, no, no! —replicó ella asiéndose a él—. Estás herido… Larry…, vamos…
—Dile… a… mi camarada Neale…
Su cabeza cayó contra la madera y al desplomarse su cuerpo quedó semierguido. La vida abandonó las serenas pupilas. Larry Red King murió como habría querido morir, de pie, con un arma en cada mano y el nombre de su amigo en los labios.
—¡Oh Larry…, Larry! —Sollozó Allie.
No podía correr. Apenas si podía hablar. Se acercaba gente. Le faltaron las fuerzas y cuando estaba a punto de caer, rudas manos la sujetaron. Sobre ella vio el descompuesto semblante y los relampagueantes ojos de Durade.