El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Larry se dirigió al pasillo de salida. Mull y Blake empezaron a hacer fuego sobre él, eficientemente, porque Allie sintió las vibraciones de su cuerno al recibir los impactos. De dos rápidos disparos, King acabó con ellos. Mull cayó al sesgo del pasillo y al pasar Allie sobre su cuerpo, pudo ver aún el rubicundo rostro y los enormes ojos bovinos ya velados. En aquel fugaz momento le vio morir.
Larry aceleró el paso. Allie, aferrada con crispados dedos a su chaqueta, se asía desesperadamente a él. Los disparos repercutían en el pasillo, estruendosos, y gritos de hombres alarmados oíanse en la calle. El acre humo de la pólvora ahogaba a la muchacha. Veía a diestro y siniestro los rojizos fogonazos. Sintió a Larry vibrar de pies a cabeza y algo abrasador rozó su hombro. Una bala había atravesado de parte a parte al cowboy y se bamboleó sin detenerse. En el umbral de la puerta yacía un hombre, ensangrentado el pálido rostro, empuñando aún una humeante pistola. Era Dayss.
Larry King, ya en la vacía calle, miró arriba y abajo.
—Opino… que… no hay más que hablar —dijo con gutural acento.