El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Con inseguras manos la Stanton busco en los bolsillos de la bata, hallando en uno de ellos un cuaderno de notas con un lápiz que le servía de pasador. Con agarrotados dedos pero completa lucidez mental, empezó a escribir a Neale, poniendo en cada palabra algo de la angustia, del remordimiento, del dolor y del amor que experimentaba. Y cuando hubo concluido puso el cuaderno sobre su pecho y, por vez primera en largos años, supo lo que era la paz.
En sus postreros instantes no se dejo vencer por el dolor ni por el remordimiento. Todas sus emociones estaban condensadas en su carta. La memoria fue lo único que perduro, haciendo desfilar ante ellos los recientes eventos desde que viera morir a Ancliffe hasta que la extraña fatalidad llevara a Larry King a perder la vida al intentar salvar a Allie.
Si Neale hubiese sabido comprender… habría dado por bueno el sacrificio. Ése fue su último pensamiento consciente.
Y llego el momento, el postrero entre la vida y la muerte, en el que el alma de Beauty Stanton se apronto a emprender la solitaria y eterna peregrinación por las gríseas regiones de las sombras, a lo desconocido.
Enjugándose el sudor del rostro, Casey se apoyo en su pala, mirando a su inseparable McDermott. Entre ambos abríase una fosa que acababan de cavar. Cerca de ellos yacía una forma alargada, envuelta en lona.