El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —¡Que me maten si me gusta este encarguito, Mac! —dijo Casey tirando de su negra pipa.
—A ti lo que te convendrÃa es ser director del U. P., ¿eh? —replico McDermott.
—Menos llevar una locomotora, he hecho de todo…, se abusa de nosotros, Mac. Esos militares no hacen nada… ¿Por qué no plantan ellos a éstos…?
—Casey, entiendo que no nos lo ha mandado nadie.
Benton alzo el campo ayer y nosotros nos largaremos pronto con el tren de balasto. Lo menos que podemos hacer es enterrar los restos de Benton. Y… tú eres quien más deberÃa alegrarse de que ese pelirrojo cowboy esté bajo tierra.
—¿Yo? ¿Por qué?
—¿No te persiguió con su cañón, dejándote los pelos de punta para siempre?
—Mac… en mi vida estuve más fresco. Y, en cuanto a enterrar a Larry King, me alegro y lo siento. Era amigo de Neale.
—También era un rayo encadenado, Casey. Según dicen, él fue quien mato a la Stanton.
—Apuesto a que es mentira —replicó Casey—. Lo que paso es que se desato su artillerÃa en el salón y una bala de los que le atacaban le fue a dar a ella.
—Quizá. En todo caso, fue un mal negocio… El cowboy les dio en el mismo sitio a todos. A fe que no volverán a guiñar el ojo.