El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Neale halló alojamiento. Dos días sin probar bocado ni descansar no eran preparación adecuada para la tarea que debía realizar… la conquista de su depresión. Satisfizo sus necesidades, reposó largamente, y al siguiente día, antes de acudir a las oficinas del U. P., se atavió de modo presentable. Después fue siguiendo las instrucciones que le dieron; oyendo, por el camino, hablar de emboscadas, de tropas y de indios.
Cuando por fin llegó al cuartel general, los ingenieros, sus antiguos jefes y asociados le acogieron con evidente constricción que no supo a que atribuir.
Hasta en el general Lodge notó una diferencia. Comprendió al punto que algo de momento tenía que haber ocurrido para que su jefe prescindiese del interés que indudablemente había de sentir por conocer el resultado del viaje del joven a Washington. Luego de saludarle, las primeras palabras de Lodge confirmaron sus sospechas de dificultades con los indios.