El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Mi maquinista, Toro Daley, llegó a su lado en el momento de su muerte —prosiguió Lodge—. En realidad fue el único de nosotros que le vio con vida. Sus últimas palabras fueron: «emboscada… sioux… Deep Cut…», y después: «mi amigo Neale». En un principio no supimos cómo interpretar sus palabras… hasta hallar este cuaderno que Casey tenÃa firmemente cogido en la mano. Casi huelga decir, conociéndole, que murió con su amada pipa entre los dientes.
El jefe entregó el cuaderno a Neale, que lo recibió con temblorosa mano.
—Fue difÃcil arrancárselo. Casey lo tenÃa tan fuerte mente asido…; y… allà le enterramos… con su vieja pipa… junto a la vÃa.
El jefe calló, quedando por un momento inmóvil, fruncidas las cejas, tristes los ojos que rendÃan la gloria de un postrer tributo al héroe.
Neale oyó el tictac de un reloj y los ruidos de la calle, afuera. TenÃa el cuaderno entre las manos y experimentaba una extraña sensación. Lanzó un profundo suspiro.
Cuando el General volvió a mirarle, le vio diferente… como lejano, abstraÃdo.