El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Casey querÃa, sin duda, decir que se le entregase a usted ese cuaderno —añadió—. PertenecÃa a… esa mujer…, a Beauty Stanton y contiene una carta escrita momentos antes de morir… Supimos esto cuando Daley empezó a leer… En cuanto comprendà que era una carta dirigida a usted me hice cargo del cuaderno, sin que se leyese una lÃnea más. Estábamos todos rodeando a Daley… una curiosidad natural… En mi tren venÃan visitantes, su enemigo Lee entre ellos… Lo deploro… pero fue inevitable… nada más.
Neale tuvo conciencia de una calamidad.
—¡Pobre Casey! —murmuró. Después recordó. ¡La Stanton moribunda! ¿Qué habÃa ocurrido? No se sintió capaz de leer el mensaje ante Lodge y, saludando, abandonó la estancia.
Llegó a la calle perdido por completo el dominio de sà mismo.
Alzando los ojos vio una talluda figura vestida de ante, un rostro barbudo y bronceado, unos ojos fúlgidos de contento.
—¡Aquà te encuentro y… eres mi salvación! —exclamó una voz profunda y familiar.
—¡Slingerland! —gritó Neale estrechando la mano de su viejo amigo—. ¡Dios! ¿Qué más podÃa ocurrir? ¡Oh! ¡Cuanto me alegro de verte…! ¡Tantos años! Slingerland…, estoy angustiado…
—Me parece que lo sé —contestó el otro.