El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Pues, ¡por Dios!…, se oyó más crujir de huesos y… unos gritos como no los he oÃdo nunca…, terribles. Neale tenÃa cogido a Durade por los dos brazos, apretándole para que no pudiese soltar el cuchillo. Y luego, echando toda su fuerza sobre ese brazo de Durade…, el que tenÃa el cuchillo…, obligó al español a clavárselo… ¡Dios!… ¡Cómo aullaba!… Vi entrarle la hoja y salir…, bueno, puede usted figurarse cómo, General. Entonces Slingerland los separó y el tahúr cayó hecho un ovillo al suelo… No es taba muerto. Es capaz de no morirse, pero… tendrá que salir pitando de Roaring City y… no querrÃa yo quedar como quedará él para toda la vida.
McDermott miró con profundo interés su vacÃa copa.
—Eso es todo, General, y si usted no se opone…, yo echarÃa otro trago con muchÃsimo gusto.