El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Allie tuvo la impresión de la existencia de un horrible, insidioso falseamiento…, una irrealidad de pesadilla. Un Neale intangible, fatÃdico, se alejaba de ella.
—Adiós, Allie… ¡Bendita seas!… Seré feliz sabiendo que estás… —le faltó la voz y las lágrimas rodaron por sus mejillas, por su rostro, convulso por la renunciación, no por la culpa. Fuera lo que fuese…, no era bajo.
—¡No me dejes!… Te perdono —gritó ella tendiéndole los brazos—. Para mà no hay en el mundo más que tú.
Pero Neale, sostenido, llevado casi por Slingerland, des apareció y el mundo de Allie quedó súbitamente vacÃo y negro.