El Caballo de hierro
El Caballo de hierro HabÃase hecho cargo por fin de la realidad de su presencia, de la seguridad de su cuerpo y de su alma, y todo lo que antes diera a su fisonomÃa aspecto hosco, cansado, envejecido o triste, desapareció en una maravillosa transfiguración.
—Tú sabes que fue Larry —imploró Alpe—. DÃselo asÃ.
—SÃ, lo sé, mas… yo… hice aún peor…, yo…
Allie le vio atormentado por una agonÃa de remordimiento y en la afinidad de sus corazones, se lo comunicó a ella.
—¡Neale! ¿Te amaba Beauty?
Él dejó caer la cabeza sobre el pecho.
—¡Oh! —Fue un grito apagado, lleno de la indecible comprensión de su trágica fatalidad—. ¿Y tú…, y tú?
Allison Lee se puso entre ambos, encarándose con Neale.
—¿Lo ve?… Ella también lo sabe… y… aunque sólo sea por ahorrarle mayor sufrimiento… déjela… —exclamó.
—Ella también sabe… ¿qué? —repitió Neale, frenético ante la incertidumbre y la realidad.