El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —Ni la más remota, muchacha. Te lo juro —declaró Slingerland—. Cuando abandoné Roaring City estaba… como de costumbre. El enviarte ese oro y ese cuadernito pareció calmarle…, hacerle feliz… Opino que entonces encontró su alma. Y… no espera volverte a ver en este mundo.