El Caballo de hierro
El Caballo de hierro El ímpetu era tremendo. El espíritu, que nada podía detener, habíase infundido a un ejército de obreros, formando una masa, una máquina potentísima, irresistible, yendo como un solo hombre hacia un mismo fin.
Cada día iba acreciéndose la hilera de traviesas cruzadas por refulgentes carriles. El sol caía de plano, el polvo revoloteaba arremolinado, los velos de calina flotaban en el desierto. El paso se había acelerado hasta alcanzar los límites de máxima resistencia humana. Una furia de sonido llenaba el ambiente. La rítmica cadencia era como el postrer esfuerzo para un gigantesco avance definitivo.
Promontory Point fue el lugar destinado a hacerse famoso como punto de reunión de los carriles.
Aquel célebre día del verano de 1869 que había de ver completada la tarea, llegaron trenes especiales del Este y del Oeste. El Gobernador de California, que era a la par Presidente de la sección occidental de la línea, recibió al Vicepresidente de los Estados Unidos y a los Directores del U. P.