El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Una banda de guerreros sioux escaló un promontorio en los cerros: dominando la vasta llanura, señalando con brazos bronceados y cenceños.
Un jefe desmontó, poniéndose frente a su banda. El viento hacía ondear su emplumado atavío bélico; en su broncíneo pecho veíanse mal cicatrizadas heridas; su semblante era anciano, pero lleno de fuego e inescrutable; sus ojos, acerados dardos.
Lejos, muy lejos, en la llanura, divisaron un objeto alargado y movedizo que dejaba como rastro un penacho de humo. Venía del Este y se dirigía al Oeste. El jefe lo con templó, como sus huestes. Nadie desplegó los labios, ni cambió una mirada ni alteró una línea de su semblante.
Pero ¿qué había en el corazón y en la mente y en el alma de aquel gran jefe?
