El Caballo salvaje
El Caballo salvaje Apuntaban los primeros albores del nuevo dÃa por el Este, cuando Chane Weymer, Chess y Alonso salieron del campamento hacia el sombrÃo y melancólico yermo de Stark Valley, para participar en el principio del gran acosamiento de Melberne.
—Supongo que le debemos a Manerube el tener que desempeñar lo más rudo de la faena de hoy, ¿eh, Chane? —se lamentó Chess.
—Probablemente, pero ¿dónde está la diferencia? —replicó Chane—. Será un dÃa de caballear, aunque no peor que el de Utah. Bien pensado prefiero tener que cubrir el llano del valle a la región quebrada del Oeste, y en todo caso, cuanto más duro, mejor, hasta que acabemos con el maldito asunto.
—Opinas que un solo acoso bastará al boss, ¿eh?
—Estoy seguro. Melberne es una persona decente, Chess. Si hubiera sabido lo que era el espino artificial no habrÃa acometido nunca esta empresa.
—¿Y si es un éxito? El boss tiene empeño en hacer dinero.
—Aunque la operación le reportase diez mil dólares, no la volverÃa a repetir. ConfÃo en su hija. No le dejará.
