El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¡Fuera de aquÃ! ―ordenó Texas.
―Señores, esto ha sido cosa de Wallen, no mÃa ―repuso Hite, y haciendo volver a sus compañeros, que pronto partieron a galope. A poco habÃan traspuesto el extremo del arbolado por donde habÃan venido.
Sólo entonces se movió Texas Joe. Miró rápidamente al muerto; luego giró, con el rostro pálido y los ojos llameantes.
―Ven acá, Reddie Bayne ―gritó, y en dos zancadas se puso ante ella―. ¿Has dicho que eres una chica?
―SÃ, Texas Joe, yo…, yo soy una chica ―repuso Reddie, y se quitó el sombrero para demostrarlo. Su rostro parecÃa de ceniza y sus ojos castaños estaban dilatados por un terror que se iba desvaneciendo.
Texas la cogió por la blusa con la mano izquierda, y la levantó hasta ponerla en la punta de los pies, mirándola de cerca con sus ojos penetrantes. Su pelo alborotado parecÃa la melena de un león. Pero su cólera frÃa se iba evaporando. El asombro se sobreponÃa a la pasión.
―Tú… tú… todo este tiempo… ¿Una chica? ―exclamó roncamente.