El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¡Ya me lo suponÃa! ―dijo Reddie rápidamente, enrojeciendo intensamente―. Vengan, pues, esas dudas, si no es un cobarde… En primer lugar, usted cree que yo soy una mala chica, ¿no es asÃ?
―Bueno, si tiene tanto interés, le diré que no creo que sea usted precisamente muy buena.
―¡Oh! ―exclamó ella con voz punzante. Luego soltó la mano derecha y le dio en la cara, repitiendo la bofetada con la izquierda.
―¡Escuche! Usted ha comprendido mal ―gritó Texas, súbitamente horrorizado de la interpretación que ella habÃa dado a su maligna respuesta; y retrocedió ante la llameante acometida de la joven. Pero era demasiado tarde. Reddie se sentÃa excesivamente violenta y ofendida para comprender lo que era claro para Brite, y sin duda para los vaqueros, que escuchaban con la boca abierta.