El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―DeberÃa matarle por eso ―murmuró Reddie ―, y por Dios que lo harÃa si no fuera por Mr. Brite. ¡Oh, ya sabÃa yo que me tenÃa usted por una tunanta!… Aquel Wallen habÃa… El diablo le lleve a usted, Shipman. ¡No sabe usted reconocer una chica decente cuando se encuentra con ella! HacÃa falta decÃrselo. Y yo se lo digo… Wallen era un canalla. Y no fue el único que me obligó a abandonar un empleo. Todo porque yo querÃa ser decente… ¡Y yo soy decente, y tan buena como su propia hermana, o la hermana de cualquiera, Tex Shipman! ¡Pensar que tenga que decÃrselo a usted! DeberÃa hacerlo con un revólver o con un látigo.
De pronto, se interrumpió y comenzó a sollozar.
―Y ahora, puede usted irse al infierno, Tex Shipman, con sus órdenes y con… lo que piense de mÃ. No tiene ya más valor para mà que un trapo.