El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Deja que yo sea el juez en este caso ―repuso él sintiéndose feliz―. Tengo un rancho en las afueras de Santone. Y tú puedes convertirlo en tu hogar. Lo único que pido es que me tengas un poco de afecto.
―Yo le quiero mucho, Mr. Brite ―susurró ella generosamente, abrazándolo―. ¡Ay! Es eso demasiado bueno para ser cierto.
―¿Me aceptas, pues, como padre adoptivo?
―No sé cómo agradecer a Dios este favor ―murmuró ella.
―Queda convenido. Y me figuro que también yo tendré que agradecérselo.
―¡Qué bueno y amable es usted! ¡Oh! Este equipo es distinto a los demás. Me pregunto qué dirá él cuando lo descubra.
―¿Quién?
―El vaquero.
―Bien. Eso lo dejarás ahora de mi cuenta. Pero, Reddie, vamos a mantenerlo en secreto hasta llegar a Dodge.