El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Dos de los jugadores dejaron sus sillas movidos por una significativa palabra de Hite, y se acercaron al bar. Después de esto, el cabecilla se dirigió a Hallett.
―¿Quieres acercarte a echar una partida? A dos dólares como lÃmite.
―No tengo inconveniente ―replicó Hallett―. Anda, Ben; vamos a desplumarlos.
―Yo vuelvo al campamento ―declaró Ben levantándose.
Hallett le echó mano y acercando su rostro colorado al de Ben, susurró algo inaudible, pero que no por eso era menos efectivo para Brite. Chandler reaccionó con tal fiereza, que condujo, después de un breve forcejeo para desasirse, a una arremetida y un vapuleo. Hallett cayó cuan largo era, y Chandler se agachó con la mano en el revólver. Pero su precaución pareció innecesaria. Hallett no habÃa perdido el sentido, aunque se recobraba lentamente. Chandler no dejaba de mirarle, sino para volver la vista hacia el boquiabierto Hite; luego se volvió rápidamente y salió a la calle. Hite habló en voz baja a uno de sus asociados, un hombre de cuello robusto y cara pesada que se levantó y se precipitó fuera detrás de Chandler.