El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Hallett se levantó y se unió a Hite en su mesa de juego, llevando la mano a la cara. Miró con expresión maligna hacia la puerta, como si esperara ver entrar de nuevo a Chandler. Hite barajó las cartas y habló a Hallett en voz baja. No era la primera vez que conversaban. Hite dio cartas en derredor, como si el juego siguiera su curso. Pero el vigilante Brite advirtió que esto era sólo una tapadera. El juego terminó luego; Hite y Hallett se acercaron al bar, bebieron y abandonaron la taberna.
Brite quedó perplejo. El diablo trabajaba bajo cuerda. Quería salir corriendo y prevenir a Chandler de que le perseguían. Por otro lado, no le hubiera gustado encontrarse con Hite y Hallett. La incertidumbre le encadenó por unos momentos; luego, comprendiendo que debía irse de aquel lugar, descolgó su sombrero y salió. La calle estaba oscura y vacía. Las escasas luces acentuaban las tinieblas. Bajando hacia la tienda a recoger su compra, vio a Hite y Hallett en el momento que cruzaban el haz de luz que brotaba de la entrada. Brite se replegó en la sombra, fuera del camino. Los dos hombres pasaron hablando en voz baja. Brite no distinguió las palabras; sin embargo, su tono era sutil, calculador.