El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Hallett estaba a horcajadas en su caballo; su aspecto hosco daba muestras de haber pasado mala noche. Pan Handle y Deuce Ackerman se hallaban de pie junto al fuego, cara a los otros. Brite vio entonces que Texas Joe miraba al jinete con los ojos penetrantes. Evidentemente, se habÃan cambiado ya palabras.
―¿Y dónde rayos has estado? ―preguntó Joe.
―Fui anoche a la ciudad. No pensaba quedarme toda la noche, pero lo hice ―repuso Hallett frÃamente.
―No me has preguntado a mà si podÃas hacerlo.
―No. Pero lo hice.
―SÃ, ya lo veo. Pero es muy fácil que te cueste el empleo ―dijo Texas, despacio.
―Shipman, no creas que le tengo mucho apego a este empleo.
Ackerman hizo un gesto apasionado y se adelantó.
―Roy, ¿qué se te ha metido en el cuerpo últimamente? ―preguntó:
―Nada, salvo un poco de whisky. Estoy harto de este trabajo, Deuce. Demasiados bueyes para tan pocos conductores.
―¿Por qué demonios no lo has dicho? Yo soy responsable por ti. Yo te he contratado para este viaje.
―Bueno, pues ya no tienes esa responsabilidad ―repuso Hallett rudamente.
―¡Dios de Dios! TenÃa el presentimiento de que tú…