El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Calla tú, Deuce ―intervino Texas brevemente―. No te hago a ti responsable por Hallett. Y yo hablaré con él.
―Habla, pues, y que el diablo te lleve. ¿Sabes que el viento se te ha subido bastante a la cabeza, Shipman? ―replicó Hallett con sarcasmo, encendiendo un cigarrillo.
―Seguramente. Y me parece que ese viento va a soplar contra ti, si continúas soltando la lengua de ese modo. Parece que quieres abandonar el trabajo.
―Lo doy ya por abandonado.
―Bueno, estás libre. Y ahora déjame decirte una cosa. Es una acción cochina la que estás haciendo a Mr. Brite. Vamos escasos de brazos. Y tu comportamiento tiene un aspecto extraño.
―¿SÃ, eh? DeberÃas saber que Texas es el lugar de los hechos extraños.
―SÃ, y de los vaqueros traidores; me avergüenza decirlo ―continuó Shipman mirando con fiera intensidad al jinete.