El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Vaya, Pan Handle. Tú andas siempre de la Ceca a la Meca. Espero que no será el mismo…
―Claro que lo es, Brite. No hallo paz. Me metà en un garito allá abajo, y me trasquilaron. Me hicieron trampa. Me incliné y sorprendà al tramposo en la operación. Tuve que pedirle cuentas, a él y a su compinche. HabÃan estado trabajando en los campamentos de búfalos. No me conocÃan. Los muy imbéciles se tiraron a mÃ. Tuve que abrirme paso a tiros, por lo que dejé el dinero. He galopado sin descanso, y acabo de llegar. Tengo hambre, Brite; y no me queda un céntimo.
―Vaya. Me alegro que hayas venido a mà ―replicó Brite ofreciéndole un billete. Simultáneamente, cruzó su mente una idea. Y trató de sacudirse la impresión que le habÃa producido la historia que le contó Smith―. Asà que fugitivo, ¿eh?
―Pudieran ocasionarme algunas molestias aquÃ, mientras no se olvide la camorra.
―Oye, Pan Handle; si mal no recuerdo, tú solÃas conducir reses.
―Recuerda usted bien ―replicó Smith con una mirada distante en los ojos y una sonrisa anhelante.
―¿Te gustarÃa ayudarme a conducir un hato grande hacia el Norte, hasta Dodge?
―Brite, lo haré con mucho gusto. No quiero salario. En Dodge hallaré algo que hacer ―contestó el otro en tono cortante.