El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Admitido. Desde luego, con sueldo. ¿Qué instrumentos traes contigo?
―Pocos. Un buen caballo. Pero necesita descanso. Una silla, una manta y un rifle. Todo el resto de mi fortuna en la tierra lo llevo a la espalda.
―Y a la cintura también, según veo ―dijo Brite mirando a aquella figura gris, fatigada del viaje, y a los cabos de sus revólveres que sobresalÃan significativamente de las fundas―. Ve a comer algo, Smith. Tienes mal semblante. Y vuelve a reunirte aquà conmigo dentro de una hora. Necesitarás proveerte bien de municiones. Y cambiar de trapos.
―No puedo decirle cuánto se lo agradezco, Brite ―replicó Smith alejándose.