El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Qué es lo que quieres?
―Quisiera hablarte un instante. Nunca tengo ocasión de hacerlo durante el dÃa. Y desde que encontré a Ben sentado junto a tu cama aquella noche, no tuve valor de dirigirme a ti.
―No me habÃa dado cuenta de eso ―murmuró Reddie con un débil sarcasmo―. Bueno, si tienes que hablarme, apártate un poco. Casi te has sentado sobre mÃ.
―Ben estaba también muy enamorado de ti, ¿no es cierto?
―Texas, yo no sé si él lo estaba también, como tú dices, pero me figuro que sÃ. Al menos me lo juró. Yo no confÃo en vaqueros.
―Eso he notado. Reddie, no todos son malos… ¿Le querÃas tú a él?
―No, desde luego que no.
―¡Pero dejaste que te besara!
―Yo no he hecho nada de eso. La noche que tú le sorprendiste, no fue culpa mÃa. Lo hizo por la fuerza. Pero no llegó a besarme en la boca.
―¡Oh! Yo creà otra cosa. Lo siento.