El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Perderá más que eso ―repuso Texas, pensativo―. Jefe, ¿qué le parece si tuviéramos el equipo en algún lugar cercano cuando Hite vaya a pasar el rÃo con el ganado?
―Me parece que serÃa una gran cosa ―contestó Brite con énfasis.
―Lo mismo pensamos todos. Haremos el plan para marchar en seguida. Pero no iremos contra la voluntad de Williams, si a él no le parece conveniente.
―Tex, yo también tengo confianza en ese cazador de búfalos.
―Todos la tenemos. Es un verdadero tejano. Me avergüenza no haberlo advertido a primera vista. Pero Texas Joe no es el mismo estos dÃas… Acabad de cenar, muchachos, y vosotras también, chiquillas. ¡Ah! Tenemos otra belleza en la partida.
Ann oyó esto desde su asiento al pie del árbol, donde Reddie trataba de persuadirla para que comiera, y le salieron hermosos colores a la cara.
―No hagas caso de estos vaqueros, Ann ―dijo Reddie, muy seria, y en voz alta para que la oyeran todos―. Es decir, cuando se ponen melosos. Ciertamente que son gente batalladora y que una se siente bien defendida con ellos. Pero no dejes que ninguno se ponga a dar vueltas alrededor de ti.
―¡Oh, Reddie!; no está bien que tú digas eso ―la reprochó Deuce, ofendido.