El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Bastante después de medianoche, Texas Joe dio vuelta a su caballo para detener la remuda y luego los vehÃculos, según iban llegando.
―Hemos sentido el mugir de vacas allá delante dijo―. Y me figuro que estamos demasiado cerca para ir descuidados. ¿Qué dices tú, Williams?
―Creo que será mejor hacer alto aquÃ, mientras algunos de vosotros se adelantan sigilosamente a pie hasta más arriba. Yo iré con vosotros. Texas, falta poco para el dÃa. Y tenemos que estar cerca cuando el equipo de Hite eche el ganado a cruzar el rÃo.
―Hash, tenernos que esperar a que pase el ganado ―repuso Texas con energÃa―. Eso nos ahorrará trabajo. Y no debemos comenzar las hostilidades hasta que el extremo posterior se halle a medio camino a través del rÃo.
―Oh, ya. ¡Ja! ¡Ja! Y entonces aplicarles la mecha a los conductores que vayan a la cola, ¿eh?
―Miss Ann, ¿cómo sigue usted? ―preguntó Texas al pasar junto a la galera de Hardy.
―Perfectamente; pero me agradarÃa acostarme ―repuso ella.
―Deuce, ¿has hecho una cama para ella en la galera?
―TodavÃa no. Pero tengo un rollo de mantas a mano. Yo me cuidaré de ella ―contestó Deuce en tono demasiado casual. Estaba obsesionado con su importancia.