El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Sus pensamientos se dirigían a la inigualada acción de Texas Joe y Pan Handle, que iban en sus caballos a través de la tormenta a imponer un tremendo castigo a los ladrones. Debía de ser una idea original la de adentrarse en el equipo de Hite en medio de la lluvia furiosa, el ensordecedor ruido de truenos y el centelleante fulgor del relámpago. Por el valor de acero que se requería no tenía igual entre los recuerdos de hazañas difíciles realizadas a sangre fría. Estos hombres estarían ahora empapados hasta los huesos, cegados por la lluvia penetrante y los relámpagos, a punto casi de ser arrancados de sus sillas por el viento, en peligro inminente de ser arrollados por un hato espantado y, finalmente, de ser tiroteados por los hombres que habían partido con intención de matar.
Por la extraña luz verde, Brite calculó si él podría o no tirar con puntería en tales condiciones. Los relámpagos duraban lo suficiente para una vista aguda y una mano ligera. De todos modos, a él no le hubiera gustado medir sus facultades físicas y mentales con unos perseguidos en una noche como aquélla.