El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Tardó una hora, o más, en pasar el centro de la tormenta; después, el viento, la lluvia y algún relámpago intermitente disminuyeron en volumen. Lo que el destino hubiese tenido deparado, había pasado ya. Brite no dudaba de su resultado mortal. Con todo, ello implicaba una excesiva confianza en sus tiradores. No tenía nada seguro en que apoyarse. Ross Hite era un experto forajido, y según los informes que tenía Brite, podía igualarse a Texas Joe. ¡Pero no a Pan Handle Smith! Pan Handle podía ser comparado con el gran matador tejano de aquella década.
Reddie se había enrollado en sus mantas y dormía, según Brite pudo descubrir al disminuyente fulgor de los relámpagos. Brite hizo su propio lecho, cansado, sumido en una calma extraña, fijo, en cierto modo, en su sentido de la victoria.
No era de día aún cuando un ruido le despertó de su sueño ligero. Sin embargo, cierta claridad grisácea revelaba ya por oriente, la llegada del alba precursora del día. Estiró la mano para estrechar la de Reddie, pero el objeto oscuro que había tomado por ella era su lecho. Moze estaba también en pie, partiendo leña. Brite se apresuró a levantarse a fin de ayudar en algo.
Hacia las cuatro galeras sonaban voces ásperas. Oscuras siluetas de hombres pasaban de un lado a otro ante aquella luz gris.