El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Cinco millas más allá, Rolly Little se salió del sendero y parecía buscar algo. Cuando la remuda llegó a nivel de este punto Brite se apartó para hacer un ligero reconocimiento. Descubrió el lugar donde había acampado Ross Hite. Fardos, sillas y utensilios abandonados junto a un mojado lecho de cenizas, daban testimonio de que los ladrones habían partido precipitadamente. Un largo grito atravesó los oídos de Brite, sobresaltándole. Little agitaba la mano allá delante, a cierta distancia. Pero su acción parecía más bien el resultado de excitación que de alarma. Brite, lleno de emoción y curiosidad, galopó hacia él; sin embargo, antes de que llegara al sitio, Little señaló un objeto en el suelo y siguió adelante.
Brite no tardó en percibir un hombre muerto, boca arriba, los brazos extendidos, con el revólver en el suelo, espectáculo elocuente que subrayaba la ley de la llanura. Brite trazó un círculo imaginario y se salió del sendero para tropezar a poco con otro cadáver del equipo de Hite, yerto y horrible, con la mitad de la cara volada por el tiro y la abierta camisa ensangrentada. Más adelante, siguiendo el círculo, Brite vio un caballo y dos hombres muertos, todos en un grupo. Brite no cerró el círculo; saliéndose de él cortó hacia la remuda.
Reddie le echó una temerosa y chispeante mirada.