El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Que venga Reddie pronto ―repuso Texas, con voz pavorosa.
Reddie estaba desensillando su negro al otro lado del campamento. Ella oyó la llamada de Brite, pero no parecía inclinada a darse mucha prisa. Su rostro se volvió hacia ellos.
―Convendría que yo vaya a prepararla, Tex ―dijo, Brite, concibiendo una idea leal en favor de la chica.
―Tráigala pronto ―gritó Texas cuando Brite hubo dado la vuelta.
Brite no tardó en llegar adonde estaba Reddie, y cuando ésta se volvió le causó asombro hallarla pálida y temblando.
―¡Papá, ya lo he visto!… ¡Tex ha sido herido! ―susurró sollozando―. Por el amor de Dios…, no me diga que…
―Reddie, ese maldito vaquero no tiene la menor cosa ―replicó Brite―. Aparece ensangrentado. Pero tengo sospechas de que lo que intenta es atemorizarte a ti.
El rostro de Reddie cobró color, y al irse dando cuenta, el terror desapareció de sus ojos señeros.
―¿Verdaderamente, papá? ―preguntó ella con voz tomada.
―Lo juraría.