El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Ninguna chica harÃa eso viéndote ahà todo ensangrentado. Y tú eres un actor y un embustero por naturaleza. Mi impresión es que has descubierto lo que tanto deseabas descubrir.
―Bueno, algo es algo ―continuó Texas incorporándose con un cambio de actitud―. Jefe, ¿ha visto usted algo por allá?
Señaló con su largo brazo, y su gesto era impresionante.
―Los ojos me duelen de ver, muchacho ―respondió Brite―. No sé cómo daros las gracias a ti y a Pan. Ni qué decir. Esperaré a que me digáis cómo ha sido.
―Vaya, Pan, ¿qué dices a eso? Él es también un viejo ganadero de Tejas.
―MÃster Brite, si usted hubiera observado cuidadosamente la manada, verÃa que llevamos mil quinientas cabezas de ganado más que cuando partimos.
―¡Qué! ―exclamó Brite, asombrado.
―Como usted lo oye, jefe ―añadió Texas―. Nuestra buena suerte se está igualando con la mala. El equipo de Hite llevaba una manada propia, robada, supongo, a otros conductores. Deben de habérsela procurado del lado de acá del pequeño Wichita.
―Me dejáis pasmado. ¿Qué marca lleva?
―He visto muchas X Dos Barras y algunos CÃrculos H. ¿Conoce usted esas marcas?