El Conductor de Manadas

El Conductor de Manadas

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Por la noche, estos salvajes atacaron el extremo sur de la manada. De qué modo había sido hecho no se supo hasta el día siguiente, cuando entre el ganado disperso se halló un cornilargo aquí y otro allá con una flecha enterrada en el cuerpo. Algunos tuvieron que ser rematados. La manada no fue puesta en movimiento hasta que todas las vacas y toros extraviados se recobraron. Fueron tres días de penoso galopar durante el día y de guardia rigurosa durante la noche. Texas Joe y sus conductores pasaron a lo que San Sabe calificó de una lucha de delirio y de locura.

Amargo como la hiel fue para ellos ver que les pasaban delante dos manadas y que avanzaban firmemente hacia el frente. ¡Después de siete semanas o más de ir a la cabeza! Pero Brite no lo tomó tan a pecho. Otras manadas (y las dos juntas no eran tan grandes como la suya) recibirían ahora el choque de lo que hubiese delante.

Aquel cuarto día, cuando se habían puesto de nuevo en marcha, los búfalos hicieron una vez más su aparición. Unos soldados de Fort Cobb, un puesto que se hallaba a cuarenta millas al este del sendero, informaron a Brite que habían tenido que retroceder ante la enorme e impenetrable masa de búfalos que había pocas millas al oeste. Habían ido siguiendo a una banda de apaches merodeadores desde el Llano Estacado.


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