El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Este arroyo, generalmente muy poco profundo, estaba lleno hasta los bordes, formando una corriente rápida y estrecha extremadamente peligrosa en aquel estado para hombres y bestias. No habÃa llovido aquel dÃa en ninguna de las regiones que atravesara la manada. Texas Joe tenÃa razón para suponer que el arroyo Pond estarÃa a su nivel normal, y habÃa dejado ir a la manada cuesta abajo sin antes explorar el camino como solÃa hacer. Ahora era demasiado tarde, a no ser que pudieran detener la marcha.
Brite espoleó a su caballo cuesta abajo, volviendo la cabeza para gritar a Reddie que se diese prisa. A cada lado, los jinetes avanzaban hacia el frente inspirados sin duda por Texas Joe, que se habÃa lanzado a una carrera frenética. Era un descenso difÃcil, según Brite pudo descubrir por sà mismo cuando fue lanzado por sobre la cabeza de su caballo, al caer éste y causar a su amo una caÃda regular.
Reddie se apresuró a apearse y corrió a su lado.
―¡Oh, papá! ¡Qué caÃda! ―exclamó―. Creà que se iba a romper la nuca… Levántese. ¿Está todo usted aquÃ? Déjeme palpar.
―Creo que… no ha saltado nada ―gruñó el ganadero levantándose con trabajo―. Si el suelo no hubiera sido blando… Bueno, tú…
―¡Dios de Dios! ¡Papá, mira! ―exclamó Reddie frenéticamente―. Huyen con pavor cuesta abajo.