El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Brite se levantó y un momento se quedó de pie contemplando la escena. Un tremendo fragor de pisadas y encontronazos penetrado por un desgarrado coro de berridos resonaba en sus orejas.
―Reddie, no es más que el extremo posterior el que se ha desmandado ―dijo en voz alta.
―SÃ. Pero empujan a los de delante.
―Corre. Podemos prestar ayuda. Pero no te expongas.
Galoparon hacia abajo a lo largo del flanco del ganado hasta llegar a la punta de la manada, que iba escasamente a un cuarto de milla del rÃo.
Los conductores se hallaban apiñados allÃ, gritando, galopando, disparando sus revólveres y lanzando sus caballos contra los viejos cuernos-musgosos que iban delante. Reddie y Brite se adelantaron a prestar ayuda, ciñéndose a la parte de fuera.