El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Brite se acordó de Reddie y se apresuró a ir a su lado. Ella se inclinó temblando, la frente baja, sujetándose al pomo del arzón.
―Ten valor, Reddie ―dijo Brite roncamente, aunque también profundamente conmovido―. Tenemos que seguir adelante.
―¡Oh, si habÃamos llegado a ser… como de la misma familia! ―exclamó la chica levantando la frente.
―Reddie, trae la remuda ―gritó Texas con voz estridente―. Deuce, llama a Holden y seguid a la manada. Los demás ayudadme a pasar la galera.
La noche cayó de nuevo en silencio, salvo el rumor de la corriente y los extraños chasquidos del agua de resaca cargada de arena. Moze bullÃa silenciosamente en torno a la hoguera. Varios de los conductores se hallaban comiendo, como si esta tarea fuera una obligación igual que las otras. Texas, Pan Handle, Deuce y Rolly estaban de guardia, hambrientos, mojados y tristes. Reddie se habÃa acostado sin cenar. Brite estaba sentado, secándose las piernas, en lucha con su conciencia. ¡Tres rostros jóvenes aparecÃan, espectrales, por las blancas pavesas del fuego!