El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Al otro dÃa, los conductores, a punto de reventar poco antes, estaban como si nada hubiese ocurrido. Los obstáculos levantaban sus ánimos y ahogaban sus recuerdos. El arroyo Deer estaba seco del todo. El ganado pasó el dÃa siguiente sin agua. Una tercera jornada sobre millas de terreno yermo y arena movediza condujo al ganado, asà como a los caballos, a una precaria situación. Durante toda la noche, la manada se movió en cÃrculos como el incesante remolino de un rÃo, mugiendo y berreando. ¡Aquella noche, el equipo entero se la pasó en vela! Si a la mañana siguiente hallaban seca y llena de polvo una rama del Canadiense del sur, serÃa el fin.
Unos indios se detuvieron junto a Moze aquella noche.
―¡No agua! ―dijeron. Los búfalos habÃan torcido hacia el Oeste.