El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Nada me importa eso, Mr. Hall. Yo tengo el mejor ganado.
―Trece dólares.
―No. Iré a ver a Blackwell ―repuso Brite, moviéndose hacia la puerta.
―Catorce. Es lo más que puedo ofrecer. ¿Acepta?
―Hecho. Mañana―vendré a buscar un cheque certificado. Entre tanto, envÃa tus vaqueros a que se hagan cargo de la manada.
―Gracias, Brite. Si tú estás satisfecho, yo también. El ganado está llegando rápidamente. ¿Cuántas reses harán el viaje antes de la caÃda de la nieve?
―Doscientas mil.
Hall se frotó las manos.
―Hacia fines de agosto no cabremos en Dodge.
―¿A cuántos estamos hoy? Tengo que marcharme en seguida.
―¿No necesitas algún efectivo para pagar?
―Seguramente. Ya me olvidaba. Unos dos mil quinientos. Buenos dÃas.
Brite volvió corriendo al hotel; llegó a él sin aliento y pronto a dejarse caer. Pagó cinco dólares a un negro por prepararle un baño. Se bañó, afeitó y se fue a la cama, quedándose dormido antes que su cabeza tocara la almohada.