El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―SÃ, ya me di cuenta. Demasiado blando al tacto para ser jinete… Bueno, muchacho, ¿quieres darme la mano, y hacer las paces? Creo que yo he llevado la peor parte. Siento aún como dieciséis dolores de muelas en esta pierna.
―Me morirÃa antes de darle a usted la mano ―contestó Reddie. Y cogiendo rápidamente su sombrero y el revólver que Lester le dio de mala gana, desapareció como volando.
―¡Vaya una pieza! ―dio Texas Joe de mal genio―. ¿Quién dirÃa que ese mocoso tuviera tan mala sangre? Ya me he hecho otro enemigo.
―Tex, la verdad es que te has portado muy rudamente ―le respondió Brite.
―¿Rudamente? Pues también yo he recibido mi parte de la rudeza ―refunfuñó Texas, y levantándose se marchó cojeando a su trabajo.