El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Para los hombres fuertes y bravos del Oeste aquello era un verdadero juego, mas no por eso pudieron dominar a los animales sin recurrir a toda su fuerza y habilidad. Aquel espectáculo sirvió para que en Elena aumentara la confianza y el respeto que sentía por aquellos hombres. Para una mujer de su espíritu observador, aquella media hora le basto para enseñarle muchas cosas.
Cuando todo estuvo dispuesto para la marcha. Dale montó y dijo con voz intencionada:
—Espero, Roy, volverte a ver a la puesta del sol. De ninguna manera antes.
Dicho esto puso su caballo en marcha. Las muchachas se despidieron de Roy y siguieron a Dale. Roy desapareció pronto con su caballo bayo detrás de un grupo de árboles.
Los caballos sueltos marchaban seguidos de las acémilas, al lado de las cuales iban los jinetes. Toda la comitiva viajaba al trote.
El sol calentaba la espalda de Elena, y el aire, frío y húmedo poco antes, se saturó de perfumes silvestres. Dale se metió por el valle limitado por bosques, en dirección a un espeso boscaje que se divisaba a varias millas de distancia.