El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque La vibración, la sacudida que experimentó todo el cuerpo de Anson fue prueba inequÃvoca de su sorpresa. También los ojos de Wilson denotaron curiosidad. Beasley echó una mirada a la puerta, y prosiguió:
—El viejo Auchincloss está en las últimas. No tardará dos semanas en reventar. Él mismo comprende que se va a morir de un momento a otro. Tiene una sobrina en Missouri y quiere que venga para dejarle toda su fortuna: sus ranchos, sus ovejas, todo. Según parece, no tiene ningún otro heredero. Ya sabes que Al y yo fuimos socios en varios negocios ganaderos. Aseguró que yo le era infiel y rescindió los contratos. Desde entonces yo he venido sosteniendo que él faltó a sus compromisos, que me hizo traición y que me debe ovejas y dinero. En Pine, y en toda la comarca, tengo tantos amigos como Auchincloss. La joven ha de llegar a Magdalena el 16, o sea de mañana en ocho. Allà cogerá la diligencia para Snowdrop, adonde irán a recibirla los hombres de Auchincloss.
—Bien —gruñó Anson—, ¿y que tenemos con todo eso?
—Que esa señorita no debe llegar a Snowdrop.
—¿Quieres que detenga la diligencia y rapte a la muchacha?
—Exactamente.
—Bien; ¿y después?