El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —¿Lloverá? —preguntó Elena.
Aquel momento era el más raro de todos. A la luz de la fogata la cara de Dale aparecÃa tranquila, serena, indiferente. Aquel hombre tenÃa para ellas muchas atenciones; pero era evidente que no se acordaba en aquel momento que tenÃa bajo su protección a dos muchachas débiles e indefensas. En realidad no parecÃa acordarse de ellas para nada.
—Velare, a fin de evitar que el fuego se apague —murmuró. Elena le oyó andar y moverse en la oscuridad. Luego oyó el golpe de un leño cayendo en el fuego. Saltó un volcán de chispas, muchas de las cuales fueron a apagarse en el suelo húmedo. El humo se elevó hasta la copa de los árboles vecinos y las llamas dibujaron alegres y brillantes volutas.
Elena continuaba escuchando el gemido del viento. ParecÃa aumentar cada vez en fuerza y violencia, agostando su cara y sacudiendo los bucles de Bo. De vez en cuando, cesaba para volver a soplar inmediatamente con renovado brÃo. Elena comprendió que la tempestad andaba cerca. Le costaba gran trabajo mantener los ojos abiertos, pero sabÃa que en cuanto dejara caer los párpados caerÃa inmediatamente dormida. Y querÃa oÃr el bramido del vendaval en las ramas de los pinos.