El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque —Debéis de haber corrido mucho —observó Dale.
—Ciertamente —corroboró Roy. Y volviéndose hacia Elena le dio amablemente los buenos dÃas, participándole en seguida que era portador de buenas noticias.
—Gracias sean dadas al cielo —respondió sacudiendo a su hermanita para despertarla—. Bo, Bo —le dijo—, despiértate; Roy ya está de vuelta.
Al oÃr estas palabras Bo se incorporó despeinada y con ojos soñolientos.
—¡Oh, oh, cómo me duele todo el cuerpo! —exclamó. Y después, al advertir los preparativos, preguntó—: ¿Está ya dispuesto el almuerzo?
—Poco le falta —respondió Dale.
En el modo de calzarse se conocÃa que a Bo ya no le dolÃa el cuerpo. Elena acercó el neceser de viaje y las dos hermanas se asearon aprovechando para ello el agua del manantial. Los hombres se alejaron, pero no tanto que no pudieran oÃrlas si ellas les llamaban.
—¿Cuándo te decidirás a hablar? —preguntó Dale impaciente y curioso.